martes, 18 de febrero de 2014

Poesía de ese 14 de febrero

Probablemente no te compre un regalo caro por mi humilde condición proletaria, la misma que se niega a caer en vicios superficiales, también es probable que no te dedique una frase cliché de esas que todos ocupan…


Pero si de celebrar el amor se trata tendría que decir que contigo lo hago a diario, un amor inconmensurable que todos los días hace poesía, intensos versos que despiertan con cabritas en los ojos por las mañanas, que se alimentan de huevo revuelto y que se deshacen con el té caliente.


Mientras los ojos se pierden entre el olor de nuestras queridas hijas de brazos verdes, con el mismo agrado que se deleita el paladar de esos sabores que se mezclan en la cocina, sabores que nacen desde el inmenso azul, ese que aunque a veces turbio nos sumerge en la belleza de las burbujas y el aleteo, entre sonidos y colores, a veces en su suave quietud, otras en la intensidad del movimiento, misma intensidad con la que agitamos las sabanas, esas mismas que a ratos me roban tus caricias…


Y así el cuchitril se invade de ideas, donde todas y cada una de ellas desembocan en aquel sueño que compartimos compañero, a veces fluyen en el mismo sentido otras tantas se enfrentan, pero inevitablemente caminan de la mano…


En tanto Silvio susurra sentidas melodías, las cuales durante algún momento de su cantar cambian por tu espontanea improvisación. En ocasiones el chico Buarque también me hace imaginar tu boca de feijão, esa que se despide al terminar el día con un suave “buenas noches”, noches que sin pretextos me despiertan con sus manos coquetas, entre suspiros, ajetreos  y besos.



Y Así hacemos poesía todos los días, con versos interminables, porque estos se escriben en cada momento, incluso en este que te pienso, con cada risa, de esas que suenan fuerte, con juegos y cosquillas, esas que no han de parar nunca porque te quiero para siempre…