viernes, 6 de mayo de 2016

Las fieras rojas


Las hembras,
esas fieras rojas,
intensas,
cálidas,
aplicadas y atentas,
implacables.

Hambrientas de justicias, secas de tanto olvido,
rigurosas y estrictas,
pero románticas y luchadoras,

Son mis compañeras,
las leonas de la revolución
de todos los días

jueves, 5 de mayo de 2016

La bandera de la patria.




Así flamea la patria,
la bandera de los sin casa,
sin tierra

Y este sentir, no ha de ser por propiedad
privada,
sino de profunda injusticia,
injusticia entre los que tienen tanto,
todo,
más que mucho 
y
lo que no tienen nada,

Aunque lo tienen todo;
Lucha,
convicción,
esperanza.

Mientras la mar los golpea con ingratitud,
se alzan rebeldes,
invadiendo costa,
arena,
territorio,

se observan con distancia, pero se aferran,
se aferran al diario vivir,
a la sobre-vivencia.

El dolor del abandono es mutuo,
pero cómplices y confidentes
hacen revolución,

Acá los hijos de la mar,
de la pesca,
de este Coquimbo,
con la dignidad intacta zambullen
en lucha y organización.

viernes, 11 de marzo de 2016

Ojitos de uva


Despierta flácida,
como sin ganas de querer hacerlo,
un día más en la ciudadela viñamarina,
las micros,
la bata,
las muestras,

Ojos lagañosos del mal dormir,
pensando en el triste de venir,
la briza del mar exquisita
le azota en la cara,

Y de repente la llamada más
esperada llega,
dentro del desconsuelo,
el desprender,
llega de pronto un pequeño
bultito de felicidad,

Y junto con Agustín,
nacen otra vez las ganas,
esas tremendas ganas
de  vivir,
de soñar,
de reír.

Así día a día,
conocerse,
descubrirse,
reconocerse,
ha sido el gran misterio
de su llegada.

Juntos
son un, dos pares de ojos marrones,
ojitos de uva,

Se visten de azul,
Se ven gordos con el snorkel,
brillan con la llegada de la primavera,
y se acompañan lagañosos por el
gusto de dormir.

Ojitos que piden un reencuentro,
que piden juegos y helados,
chacoteo y fundimiento,

Ojitos de uva de la tía.






viernes, 8 de enero de 2016

El recuerdo coqueton


Recuerdo que esos días
fueron de mucho alcohol,
fue un día en que bocas ebrias
hicieron jugar sus lenguas,

como en un juego de fútbol, 
ya no importo más
si se vestía de blanco o de azul,
era más bien una pichanga de barrio,
con cuerpos sudados y respiración agitada.

Por ahí quizás nos miramos
en esos 7 días de voluntariado,
trabajo popular que nos llevo a incursionar
en otros cuerpos, en otros mares.

Fue un descaro la entretención,
no importaban los otros amores
que circulaban por aquellos días,
nos dispusimos a la clandestinidad,
sin poder terminar en el maravilloso
y tan anhelado orgasmo.

El movimiento de la 304,
debe ser uno de mis mejores sueños,
quizás falto el condón,
el desenlace hubiese sido,
quizás la explosión más caliente,
del único amigo clandestino que me dio
la vida, hasta hoy.