Probablemente no te compre
un regalo caro por mi humilde condición proletaria, la misma que se niega a
caer en vicios superficiales, también es probable que no te dedique una frase
cliché de esas que todos ocupan…
Pero si de celebrar el amor
se trata tendría que decir que contigo lo hago a diario, un amor
inconmensurable que todos los días hace poesía, intensos versos que despiertan
con cabritas en los ojos por las mañanas, que se alimentan de huevo revuelto y
que se deshacen con el té caliente.
Mientras los ojos se pierden
entre el olor de nuestras queridas hijas de brazos verdes, con el mismo agrado
que se deleita el paladar de esos sabores que se mezclan en la cocina, sabores
que nacen desde el inmenso azul, ese que aunque a veces turbio nos sumerge en
la belleza de las burbujas y el aleteo, entre sonidos y colores, a veces en su
suave quietud, otras en la intensidad del movimiento, misma intensidad con la
que agitamos las sabanas, esas mismas que a ratos me roban tus caricias…
Y así el cuchitril se invade
de ideas, donde todas y cada una de ellas desembocan en aquel sueño que
compartimos compañero, a veces fluyen en el mismo sentido otras tantas se
enfrentan, pero inevitablemente caminan de la mano…
En tanto Silvio susurra sentidas
melodías, las cuales durante algún momento de su cantar cambian por tu espontanea
improvisación. En ocasiones el chico Buarque también me hace imaginar tu boca de feijão, esa que se despide al
terminar el día con un suave “buenas noches”, noches que sin pretextos me
despiertan con sus manos coquetas, entre suspiros, ajetreos y besos.
Y Así hacemos poesía todos
los días, con versos interminables, porque estos se escriben en cada momento,
incluso en este que te pienso, con cada risa, de esas que suenan fuerte, con
juegos y cosquillas, esas que no han de parar nunca porque te quiero para
siempre…
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