Ayer se me apretó la guata, también me sudaron las manos, quise tocarle. Aunque su respiración se oía fuerte al lado de la mía, todo se diluyó en un abrazo mientras nos cubría el humo de un caño.
Nunca sé con cuál de sus dos almas voy a toparme, aunque parece que mi cuerpo le lee de memoria y reacciona a cada señal, esta vez yo le quise tocar, sin temor lo manifesté y me perdí en su piel tibia y trasnochada.
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